Nombre: Gastón
Ubicación: Miraflores, Lima, Peru

martes, 17 de octubre de 2006

En la hora final

Bueno, acabo de regresar del funeral de don Valentín. Recordé, como recuerdo siempre que voy a un entierro, aquella frase de Margarett Mitchell, la de "Lo que el viento se llevó", cuando Scarlett (creo que era ella) entierra a sus padres, y alguien le dice, la primera palada de tierra, golpeando el ataúd, es el ruido que te acompañará mucho después de que ya te has ido. Sobrecoge y acojona.

El tema es que estaban todos allí, tirios y troyanos; los que le dijeron sí y no. Todo cristo para decirle adiós a un buen hombre. Pero no quiero hablar de la enormidad de "Chaparrón". Quiero decir, de lo que fue, si no de lo que dejaron. Si hubo un lugar común fue el recuerdo que todos expusieron del profesor, del diputado, del ministro, del congresista, del presidente de la República. El cariño de sus amigos, el respeto de sus rivales, el amor de su familia.

Así supongo que quisiéramos todos ser recordados. Es más, y por fin agarra rumbo esto. Cómo quisiéramos que se nos recuerde. Que vayan quienes a nuestro funeral, la ausencia de quien nos entristecería. Quién nos sorprendería con su presencia, para bien o mal. Recuerdo una novela genial y divertida, "El general en su laberinto" (vaca-vaca-vaca) donde el dictador, que resume a todos los dictadores bananeros, simula su muerte para averiguar quiénes se beneficiarían con ella, quienes lo llorarían y quienes aprovecharían no esperarían a que el cuerpo deje de estar tibio para rapiñar hasta a su mujer. Esperó, claro. Y los espió, faltaba más, mi general. Luego dijo "aja!", y de entrada mató a un par del susto en su propio velorio, y al resto de colegas, faltaba más, los echó a los cocodrilos. Los pobres angelitos.

Recuerdan esa película del tipo que ayuda a un ángel a obtener sus alas, al que le enseñan el mundo cómo sería sin él; o sea, cómo es que el amigo en cuestión (amiiigo, gracias Xina) influyó en las vidas de tantos; un "Efecto Mariposa", pero sin efectos especiales y en B/N.

Y bueno, el tiempo pasa y uno no puede dejar de pensar en cosas así. En qué es lo que se deja detrás, cuando nos mudamos de barrio. Quién nos llorará, sinceramente, cómo seremos recordado. Dicen que no hay muerto malo, pero a veces me pregunto, que es lo que diría mi epitafio. De todos, me quedo con el amor que le puso Alejandro Dumas junior, a su padre, el que escribió Los 3 Mosqueteros.

Murió como vivió, sin darse cuenta.

2 Comments:

Blogger Sludgeman said...

Recuerdo cuando murio Senna y la cantidad de gente que fue a su entierro. recuerdo la frase: Vean aqui señores, para que sepan como se trata a un hombre bueno y justo.

El sonido de la primera palada de tierra, fuerte, fuerte. Como el sonido de la tapa del nicho cerrandose y el raspar del cemento/cal, que sella la tapa.

10:35 a. m.  
Blogger Gastón said...

Si, tio, nunca he visto que los directamente relacionados no se quiebren con eso. A veces uno quisiera no estar allì.

11:30 p. m.  

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