Nombre: Gastón
Ubicación: Miraflores, Lima, Peru

jueves, 6 de diciembre de 2007

Hola, tengo 30 años

No me preocupa que me echen de aquí,
por suerte siempre me he reído de mí.
Tengo la rabia intacta, y no la pienso perder,
sigo loco 30 años después.
La Casa en las Estrellas (Fito Páez)

Y este, señores, es mi post número 247. El último, calculo, que hago anteponiendo un dos a mi edad. Y es que en pocos días oficialmente pasaré a las filas de los treintaañeros, aunque algunos entusiastas me quieran consolar con eso de que en realidad cumplo "veintidiez"; y otros, menos entusiastas, aseguren que me sigo portando como si tuviera veinte. O diez.

Aquí estoy, más o menos donde creía encontrarme a estas alturas del partido. Porque siendo optimistas, cumplir los 30 es, digamos, llegar a la primera tercera parte de tu vida. Noventa? Sí, por eso digo que optimistas. Una primera etapa en donde uno se dedica a sembrar, y luego, en el umbral que me espera, empezar a cosechar lo que llevo a la espalda. Y saben qué, me muero por empezar la cochecha.

Tengo un trabajo que me gusta, en un lugar que me gusta, y que me ha proporcionado varios amigos con quienes disfruto de la vida. Conservo viejos amigos, y cuando digo viejos, me refiero a gente que conozco hace 15, 20 o más años. Hago las cosas que me gustan y me gustan las cosas que hago. Y eso tiene un cerro de ventajas. Ayer conversaba con mi gemelo malévolo -el me llama cariñosamente "hermano del mal"- y con Gokú sobre este tema de los treintones, y allí estamos pues, entrando toda la camada a la rica base tres y sacamos en claro algunas conclusiones.

A saber, como diría my evil twin, sigo teniendo 20 y estoy como la puta madre -él nunca ahorra epítetos-, con la salvedad, agregamos, de que ahora tenemos más prerrogativas que hace 10. Tener dinero en el bolsillo, por ejemplo, viajar o desaparecer un fin de semana y que todo siga en orden cuando regreses. Disfrutar de una relación sin que te suden las manos, sin gritar cielos, mis papàs, o sin tener que llamar para decir si podemos llegar un poquito más tarde, o sin sentir que el mundo se termina porque uno va a ser el papá en cuestión.

Recuerdo cuando hace diez, veía discotecas que permitían el ingreso sólo a partir de los 24 años. Yo pensaba, esto debe estar lleno de fósiles y gente en terno que se sienta a jugar dominó. Y no pués. La pachanga (de la vida), sería estúpido decir que recién comienza, pero entra en una etapa en la que ya podemos sentir tranquilos que sabemos cómo son los parroquianos, a quién se le sube el trago, y quién terminará con la cabeza metida el el water. Me encanta.

Obviamente no calificamos como modelos para un comercial de cerveza, con todos esos chiquillos bronceados y pelucones que apachurran a sus nenas ricas y apretaditas como si fueran la última porción de Colgate. Los de la pandilla 3 sabemos perfectamente que nuestras posibilidaes de ser el próximo Raymond Manco (que dicho sea de paso es casi de la mitad de nuestra edad) o empecemos una próspera carrera de rockeros, está diluyéndose cada vez más, a menos claro, que intentemos ser como los de Garbage, o una versión chola de los Rolling. Pero me estoy desviando del tema.

El asunto es que ahora elegimos voluntariamente cuando usar traje y corbata porque es así, y no al revés como hace una década, que nos sentimos bin vestidos en una reunión o una cena. Elegimos afeitarnos porque no nos queda ese aire de poeta maldito que no se encuentra así mismo, que tántos réditos nos diera en la universidad. O sea, cuando teníamos veinte y usábamos el jean roto con la camisa de franela a cuadros por encima del polo con zapatillaz o esas inmortales Airwalk que se pusieron de mosa y que tan cómodas eran, recuerdan.

La camisa se metió dentro de un jean de color entero y usas zapatos o botines, y dejas las zapatillas para la pichanga del fin de semana, en caso de que no seas de los que prefiere, ya no dormir la resaca asesina, sino simplemente quedarse en casa viendo tele, cocinando, o jugando cartas con los amigos mientras e abre un vinito. Sí, algunas prioridades cambian. Recuerdo hace diez, y es un tema recurrente en la conversación con mis amigos más viejos, cuando nos reuníamos los sábados a jugar, y teñíamos nuestras lenguas con gaseosa con sabor a chicle y llenábamos los estómagos con todos los chancay que nuestra pundonorosa chanchita pudiera comprar.

Porque las cosas cambian. Hay algunas cosas sin embargo a las que no me llego a acostumbrar. Como escuchar en una radio que van a pasar rock del recuerdo, y en vez de escuchar a Soda o Río o Frágil, me suelten una de Vilma Palma, cuando yo recuerdo clarito haber bailado con ellos en mi fiesta de promo... hace 13 años. Aceptémoslo, las cosas cambian y ese cuento de polystel ya no me lo creo; si hasta cambiaron la abuelita cuando a ella le empezaron a pasar los años.

Y ya tengo hasta canas, por Dios. Una cana artera y levantisca que apunta desde mi ceja derecha apareció hace algunas semanas, y allí está, sacándome la lengua cada mañana. Porqué no crece a ver, en la coronilla, donde ace rato que se me empieza a destejer la gorra y aparecen los primeros claros en ese otrora bosque negro y umbroso que era mi cabellera.

Pero todo anda bien. Gozo de razonable buena salud, aunque Lore insista en que me vea un médico cada vez que mi cuerpo intenta de convencerme de lo contrario. Los amigos que he llegado a juntar hasta el momento, son un puñado, lo sé, muchos ni se cnocen entre ellos, pero conforman una banda que estoy seguro, cerraría filas en cualquier momento, como que ya lo han hecho en varias oportunidades.

Este sábado, por supuesto, habrá pachanga. Nos mudamos de mi acostumbrado lugar en San Miguel (gracias, M!) a la casa cedida muy amablemente por mi querida familia política. Mi suegra ha decidido pasar a la inmortalidad sorprendiendo al respetable con ingentes cantidades whisqueras, algo a lo que inicialmente me opuse, porque el trago bueno le saca ronchas a más de uno, pero es un riesgo que cada uno debe correr.

A los que van, ya saben, me gusta el color azul y todavía no tengo auto (vamos, yo sé que pueden hacer el esfuerzo entre todos, jaja). Y nada más pues, podría escribir más, pero se me diluye la memoria.

Debe ser que me estoy haciendo viejo.

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7 Comments:

Blogger Héctor Danniel said...

bienvenido al club :)

Y feliz cumpleaños!!!!

6:43 p. m.  
Blogger Las Sinapsis de Azazel said...

Antes que nada Feliz Cumpleaños, segundo lo primero que te leo y algo de identificado me siento, aunque aun falten unos cuantos para la base tres ... un abrazo y al final si se es feliz con lo que uno hace y ama a la gente de a lado es un exito

10:22 p. m.  
Blogger Angus said...

Bueno gastoncillo, base tres....joder, nos hacemos viejos sin darnos cuenta, solo cuando mirás para atrás en tu vida y ves todo lo que has vivido, te das cuenta de todo lo que has recorrido.

Acostumbrate que a partir de ahora cuando te levantes y no te duela nada, es que estas muerto!!!

A esta edad te das cuenta que la vida va pasando, y es inevitable envejecer...pero vamos ahi que seguirle el ritmo...

3:14 p. m.  
Blogger Lorena said...

feliz cumpleaños mi amor. Ya te llegaron los 30 pero no sufras, aun te queda algo de veintitantos en tu vida...YO! jajajaja TE AMO

6:25 a. m.  
Blogger Fabber said...

Feliz tercera década de hits. En efecto, a esta edad ya no podemos aspirar a ser rutilantes estrellas deportivas (quizá ni ajedrecísticas, la mente para esas proezas también tiene que ejercitarse desde joven) pero aún tenemos chance a ser unos canosos y dignos narradores de cuentos sentados en fogatas respectivas.

No pude llegar a la celebración viejo, espero que la hayas pasado enwhiskadamente bien, te debo un buen tinto que planeaba comprar por tu onomástico. No pasa de Diciembre, por la Sarita.

1:04 a. m.  
Blogger Gastón said...

Gracias a todos por los buenos deseos. A los que fueron y a los que murieron regresando del concierto de Soda.

Y sí, ahora soy del club. Se siente bien, gracias por la bienvenida y los buenos deseos.

5:42 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

pues aki en mexico cumplir 30 es un pecado perdonable.


somos culpables de la edad ke tenemos ke hasta largas disculpas tenemos que dar por llegar a esta edad.

gracias a dioos hay muuuuuchos treitaañeros en el mundo que comparte nuestro dolor y felicidad..

felicidades
MARISOL DE MEXICO

5:26 a. m.  

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