No sabe no opina

Nombre: Gastón
Ubicación: Miraflores, Lima, Peru

martes, 4 de marzo de 2008

Gracias, maestro. Roll 1d20 for ST.

What's going on? A big hero die?
Something like that, kid.

The Order of the Stick #536

Bueno, eso reseñó el aurón a Roy, pero para mí, como para muchos de las personas que tengo el gusto de compartir la vida y que solemos llamarnos locos en conjunto, sí. Murió un héroe. Básicamente, un tipo que permite que varios de los que leen este humilde rincón, puedan entender el título de este post. Un dado de 20, un saving throw, una generación de estudiantes tocados.

Ha muerto Gary Gigax, el padre de los juegos de rol, credor de Dungeons and Dragons. Un humilde zapatero aficionado a la literatura de fantasía -se notaba que leía a Tolkien- decidió junto a Dave Arneson crear lo que sería no sólo una millonaria industria, si no la ventana y puerta de salida a otros mundos para millones de personas en todo el globo. PArticularmente para mí, la forma en la que conocí además a algunos de los más fieles y duraderos amigos que tengo.

Se agolpan las emociones, así que a manera de último adiós, de agradecimiento a la obra empezada hace más de 30 años, pondré traducido el apunte de Rich Burlew, autor de The Order of the Stick, apunte que corre en boca de Roy, es decir Hm M F16 LG AC:0

"Señor?, sé que no tengo el derecho para hablar por todos aquellos que han sido impactados por su vida, pero -bueno, al diablo- lo voy a hacer de todas maneras. GRACIAS... Gracias por cada guerrero uniclase, cada mago que debía memorizar sus hechizos al amanecer y, rayos!, cada caballero mujer elfo oscuro que portaba dos lanzas al lomo de un unicornio... Usted no nos creó, pero no existiríamos si no fuera por usted. Ninguno de nosotros podría... Nunca habrá nada como un buen grupo de aventureros, o exploradores de calabozos. Y claro, debe de haber muchísimos de nosotros que debimos usar más nuestro tiempo en nuestros empleos. Digamos, empleos normales, de esos de 9 a 5, donde usar los dados no son un tiempo deducible del horario... Aquellos de nosotros suficientemente afortunados para pasar tiempo derribando puertas a patadas o matando dragones como forma de vida estamos en deuda extra con usted."

Sí, creo que todos aquellos que crecimos alrededor de una mesa, papel y lápiz en la mano, rodeados de libros, que dedicamos tardes, noches y madrugadas a cabalgar de un lado a otro de los reinos olvidados, que participamos de la épica guerra de la lanza o que rescatamos a aquella bella princesa que sabíamos no existía más allá de la Character sheet, le estamos en deuda.

Sí, claro que debimos haber dedicado más tiempo a los estudios primero, a la familia, el trabajo después, a las novias, a los novios (también habían mujeres y muy buenas en esto). Pero bueno, fue la vida que nos tocó, la que elegimos. Y yo al menos, siento que fui feliz. Inmensamente feliz cuando recuerdo aquellas tardes cuando con la mochila llena de libros al hombro, nos reuniamos para sumergirnos en una aventura inimaginable, en el amplio espectro de la palabra.

Hace años que ya no juego. Mis libros permanecen cerrados en una caja en algún lugar de mi casa. El sábado, buscando un lapicero bueno para firmar como testigo en la boda de mi hermano, encontré uno de mis viejos dados de mi juego negro, un dado de 4. 1d4, daño de dagas, daño de 1 magic missile, puntos de vida para un mago de nivel 1, y tantos otros usos que mi memoria ha ido enterrando por conceptos más al uso como la fecha de vencimiento de mi tarjeta de crédito. Dicen que a eso también se le llama crecer.

A veces, con los amigos, pensábamos, cuándo te sentirías tú viejo. No sé, cuando tenga un hijo o me case, concluía la mayoría. No sé, yo creo que el día que muera el Chavo, concluímos al final, medio en serio medio en broma, sentiré que me he hecho finalmente viejo. Que nos hemos hecho adultos por fin. El final de una época. Yo crweo que ha sido hoy. Hoy se fue lo último que me quedaba de mi niñez.

Hoy, me siento particularmente viejo. Llámenme freak si quieren, hoy no importa.

Solo puedo poner, a su memoria, maestro. Se lo agradecen Thorbal, Therol, Khein, Emma&Faith, Ammethyst, Toscronicus, Tergym, Mararth, Noppo, Verdecito, el dragón blanco que murió cuando llegò la pizza, el ogro de buen corazón, las ofertas imbatibles de Stán y todos los miles de miles de guardias de ciudad, orcos sin nombre y magos de cliché que hicieron de esta, una experiencia inolvidable.

Por Gary Gigax (1938-2008)

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domingo, 12 de agosto de 2007

The Last Home Inn

Se trata de la Posada del Ultimo Hogar. Se hizo famosa en saga de Margaret Weiss y Tracy Hickman, inmortalizada en la saga de los Héroes de la Lanza, cuando parten a la guerra de la Dragonlance; una de esas histórias épicas, donde el destino de todo está en manos de un grupo de amigos y otros que no tanto.

A qué viene el tema? En que toda está saga se inicia con el reencuentro, tras muchísmo tiempo, de un grupo de amigos muy cercanos que se reunieron con un objetivo común, y que por cosas del destino se fueron separando. Finalmente, fijaron una fecha para reunirse, y por supuesto, uno a uno, o en pequeños grupos, fueron llegando. Salvando las distancias, ayer parecía un día de esos. Si leen el blog del comodoro Faber (http://fabbernoduerme.blogspot.com/) podrán ver que se trató de la reunión de aniversario de Dragones del Sur.

Sip. Mi vena friki sigue aflorando de vez en cuando y a mucha honra. Para dejarnos de cosas, el tema es que nos reunimos y volví a ver después de mucho tiempo a mis amigos de aquella época en la que jugaba Dungeons nd Dragons, donde obviamente está ambientada la saga de Dragonlance y the LHI. Aunque no pude hablar con todos como hubiera querido, todavía se encontraba la viaja camaradería de los que -literalmente, al menos en papel- han corrido numerosas aventuras. Esta vez fui con Lore. Nada mal llevar a la novia a estas reunas, porque se puede sentir que el vínculo se fortalece, comparto con ella, y comparto con ellos.

Para qué la vamos a hacer más larga. En el Buen Sabor me divertí, comí grasa hasta que me dolió la barriga, y compartimos como siempre la larga mesa que alguna vez estuvo llena de libros y dados. Bueno fue verlos, gente.

El de Bronce.

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